Ed Parker, el mormón con cinturón negro

Por William E. Slove

Este artículo apareció en la revista Black Belt en 1961.
 

Ed Parker es un hawaiano juvenil, de seis pies de alto, y poco mas de 200 libras de peso, que posee y opera dos escuelas de kenpo karate en el área de Los Ángeles. Es un hombre tranquilo y amigable, cuyas maneras son extrañamente incongruentes cuando se considera su potencial para la violencia. Quizá es esta incongruencia la que mejor explica a este devoto mormón y su llamada. Porque, en un sentido, explicar Ed Parker es explicar el mismo karate. 
Nació y creció en Honolulu, donde de joven, un poco retraído y cohibido, oyó por primera vez sobre el arte por boca de la gran población oriental de las islas. Su deseo de conseguir un poco de confianza en sí mismo le llevó a investigar esta mezcla paradójica de violencia y amable humildad. Se puso en manos de William K. S. Chow, un Maestro de karate en Honolulu, bajo cuya tutoría pronto se dio cuenta de que había encontrado la respuesta a su problema. 
Con la llegada del conflicto coreano, durante el cual se encontraba destinado en los Guardacostas, su entusiasmo por el deporte no se abatió. Cuando posteriormente estuvo en la Universidad de Brigham Young en Provo, Utah, en la que recibió el título en sociología, se hizo instructor de karate. 
Nick Adams, protagonista de "Rebel", bloquea un puñetazo tirado por su instructor, Ed Parker.

Estas primeras lecciones fueron dadas a algunos estudiantes hawaianos, que a causa de su pequeñez, mostraban interés en esta forma de defensa personal. A pesar de que su capacidad como instructor se hizo pronto evidente, también fue entonces cuando se dio cuenta de los problemas a los que iba a tener que enfrentarse. 
Poco después de que su clase diese una demostración durante un partido de baloncesto entre Brigham Young y UCLA le pidieron que hiciera una exhibición similar delante de unos setenta miembros de la policía municipal local, el departamento del shérif y la patrulla de autopistas de Utah. Quedaron tan impresionados, que a resultas de ello, pronto se encontró instruyendo a hombres de las fuerzas de seguridad de todo el estado. Seleccionó un grupo de los estudiantes mas avanzados y con ellos hizo una gira por el estado dando exhibiciones.

Sin embargo, tras este éxito inicial, Ed Parker fue incapaz de vender el karate a otras agencias de fuerzas de seguridad. En California, los agentes quedaron debidamente impresionados, pero rehusaron reconocer que el karate podría serles útil en su trabajo. Declararon que era demasiado crudo y contrario al punto de vista legal en lo referente a que la violencia es aborrecible. Esta actitud expone la ignorancia del público en general en lo concerniente al tema y es particularmente molesto para Ed Parker. Argumenta que no toman en cuenta los factores mentales y filosóficos. Aunque la impresión superficial del karate es de una brutalidad salvaje, esto es solo el producto visible de un acondicionamiento mental intenso. Un estudiante del arte debe adherirse a un rígido código, por la naturaleza del cual los instintos mas profundos del hombre quedan sometidos. Según progresa el estudiante y se incrementa su conocimiento del karate, así se incrementa su respeto por él: según crece la confianza en uno mismo, así lo hace el respeto por los derechos de los demás. 

La sobriedad de Ed Parker pronto se manifiesta a sí misma según se ve una de sus clases en acción. Se llevan a cabo en una atmósfera de solemnidad austera y dedicación. Es un instructor de una energía tranquila. Pronto te das cuenta de que eres testigo de unas técnicas que demandan esfuerzo tanto físico como mental. Comienzas a entender que aquí, tanto el cuerpo como la mente están aprendiendo nuevas fortalezas. Es desafortunado que estos aspectos del arte no fuesen hechos públicos con anterioridad. Cuando el karate se dio a conocer por primera vez, la televisión, desinformada y desesperada por ofrecer algo nuevo y excitante, mostró episodios en los que un karateka, con las manos encallecidas y deformadas, con las facciones brutalmente retorcidas y mostrado siempre como villano, utilizaba siempre sus conocimientos con propósitos malvados. Ed Parker recula al oír esta caracterización y replica que un karateka, mas que cualquier otro individuo, volvería su espalda y evitaría los problemas, seguro y confiado al saber que no es necesario probar su poder o su hombría. Un karateka entrenado posee autocontrol y seguridad en sí mismo en abundancia. Es un hecho demostrado que la mayoría de los karatekas han vivido sin siquiera tener que recurrir a su uso. 
No obstante, Ed Parker tiene ahora razones para ver el futuro del karate en este país con optimismo.
Este dibujo es una copia de una antigua pintura china, representando una forma de defensa personal sin armas estilo karate.

Su habilidad, su resuelta negativa a desviarse de sus principios y filosofías y su enseñanza franca de la ciencia han conseguido ganarle el reconocimiento y el respeto de personas de todas las capas de la sociedad. Hoy, su estudio espejado es el escenario de clases que incluyen abogados, doctores y otros profesionales que son conscientes del valor del arte. Algunas de las personalidades de Hollywood mas conocidas: MacDonald Carey, Nick Adams, Rick Jason, Darren McGavin, entre otros, atienden las sesiones regularmente. Los estudios cinematográficos buscan su consejo y conocimientos al empezar ahora a darse cuenta del verdadero significado del karate. 
A diferencia de algunos instructores que dicen ser expertos, Parker minimiza los aspectos sensacionalistas y dramáticos del kempo karate. Donde otros, para atraer algunas facetas belicosas de la naturaleza humana, declaran que enseñan "el arte de la muerte" o "te hacen el maestro de cualquiera", Parker solo se preocupa con las verdades del karate. Su objetivo es permitir a sus estudiantes cosechar los beneficios que conlleva.

El karate es una habilidad que requiere tiempo y pensamiento. Alguien que intente usarlo agresivamente solamente se desilusionará. Él declara que el producto último de su entrenamiento ha sido siempre el respeto hacia las creencias de los demás, la obediencia a las leyes de la tierra, humildad y autocontrol.
Parker declara que la habilidad de romper ladrillos, piedras o tablas es solamente una manifestación de la verdad del karate. No es la habilidad de hacer estas cosas lo que cuenta, es la amalgama mente-cuerpo y lo que representa lo que es importante. Si alguien está interesado solo en romper ladrillos, puede entonces utilizar una maza para completar el trabajo.
El karate, tal y como lo ideó originalmente su fundador, Daruma Taishi, busca fortalecer las mentes y las voluntades de las personas débiles y desanimadas. La evidencia inmediata de la fuerza física puede haber sido lo primero que les haya impresionado, pero lo que desconoces es que también construye una fortaleza interior de mayor importancia. Se desarrolla en ellos una reserva de autoconfianza que les ayuda inconmensurable en su vida diaria. Les ayuda a eliminar las mezquindades que nacen de la debilidad y la inseguridad. Les permite considerar a los demás bajo una luz diferente, respetándolos y entendiéndolos mejor. Un hombre fuerte, tanto física como mentalmente, rehusa pagar tributo a las demostraciones de la fragilidad y los defectos humanos. Los problemas, que anteriormente se distorsionaban y se agrandaban desproporcionadamente, ahora se resuelven más fácilmente. 
Al ver a Parker poner su clase a su ritmo, moviéndose de hombre a hombre y asegurándose que sus instrucciones se siguen correctamente, sus ojos se iluminan al posarse en la placa que cuelga en la pares a la vista de todos los estudiantes, el credo del karate: 

"Vengo a ti con solo 'karate'—manos vacías. 

No tengo armas. Pero si me obligan a defenderme, a defender mis principios o mi honor; si es cuestión de vida o muerte, de justicia o injusticia; entonces, aquí están mis armas-'karate'-mis manos vacías."

De improviso tienes un nuevo entendimiento del karate. Le das un apretón de manos a Ed Parker, manos notablemente suaves y sin encallecer que parecen extrañamente fuera de lugar, y entonces te marchas. Según te vas te inunda el sentimiento de que aquí has encontrado a un hombre.

1 N.T. Karate era el nombre genérico que se daba a lar artes marciales de origen japonés en EE.UU. en los años 60.

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Copyright © 1961 William E. Slove, 2003 de la traducción Lucía Bartolomé. Todos los derechos reservados.