BREVE ESTUDIO DE LA CUESTIÓN ARTÍSTICA EN LAS ARTES MARCIALES Y EL KENPO KÁRATE

 


INTRODUCCIÓN

El objeto del presente trabajo es el estudio de la cuestión artística dentro de las artes marciales, con especial atención al Kenpo Kárate. Mediante este estudio se pretende demostrar que las artes marciales deberían ser replanteadas como parte integrante de las formas de representación artística. Para ello se examinan aquellas características que comparten otras manifestaciones: arquitectura constructivista y artes plásticas conceptuales. Tanto las artes plásticas como la arquitectura comparten con las artes marciales un mismo objetivo: satisfacción de las necesidades de representación icónica y de autoprotección del ser humano. Dentro de ambas se han elegido los estilos mencionados por su vinculación con aquello que caracteriza a las artes marciales: síntesis estética, síntesis de concepto y estructuración espacial, temporal y formal. La configuración de la obra dentro de estos tres tipos de arte surge a través el estudio de los parámetros de forma, función y ubicación, así como del análisis de la relación entre la obra, el creador y el usuario/espectador. Todas son artes del espacio, y todas vienen a cubrir -especialmente artes marciales y arquitectura- unas necesidades muy específicas.
 

I. ARTES MARCIALES Y ARTES PLÁSTICAS. FORMA Y FUNCIÓN

Las artes marciales forman parte de las ciencias estéticas que emplean el cuerpo humano como vehículo de expresión artística (junto a otras como el ballet, el teatro o el body art).
El arte marcial es la forma científica y artística de responder a una de las necesidades vitales del hombre, cual es la necesidad de defensa y autoprotección. A este respecto cumple un objetivo similar al de la arquitectura, que nace para proteger al ser humano de aquello que, dentro de su entorno más inmediato, pueda resultar lesivo. La necesidad de representación icónica se satisface mediante las artes plásticas; la necesidad de expresión y de comunicación a través de las artes escénicas y la música. El arte surge cuando a la satisfacción de estas necesidades se le confiere un carácter estético y conceptual.
El rasgo más definitivo de las artes marciales es su obligación de crear algo estética y a la vez funcionalmente válido. Es la única manifestación artística en que se da esta obligatoriedad: lo uno es dependiente de lo otro y si no se dan ambas condiciones no hay arte marcial. Dentro de las artes marciales, el Kenpo Kárate es un estilo que posee una coherencia de diseño que evidencia la necesidad de un estudio de sus principales características.

Para concebir una técnica como una totalidad que opera dentro de parámetros tridimensionales (profundidad, altura, longitud) hay que determinar en primer lugar la estructura de la misma. Si la técnica se demuestra funcional, el aspecto artístico surgirá por sí solo: este vendrá dado por el uso a priori -en el momento de la creación de la técnica- de criterios compositivos relacionados con los parámetros antes mencionados.

A la hora de idear una obra arquitectónica hay que tener en cuenta tres condiciones relacionadas con el propio edificio como entidad:

Así como otros factores derivados de la relación de la forma con el espacio: De la misma manera, una técnica tiene en cuenta el uso que se le va a dar (lo que viene determinado por el ataque: la función), las condiciones materiales (es decir, que tiene que ser operativa con todo tipo de atacantes independientemente de la masa y longitud corporal que desplacen) y posibilidad de adaptación al ejecutante (necesidades específicas). En cuanto a la relación forma-espacio, las técnicas pueden emplearse en el lugar donde surja una necesidad defensiva. Para ello hay que tener en cuenta que,
a) Es necesario ceñirse a unas condiciones ambientales determinadas (ubicación en el espacio): se debe considerar el espacio de que se dispone y procurar su optimización;
b) La técnica se puede realizar empleando todo aquello que viene dado por el espacio circundante, como paredes y objetos diversos (adaptación al entorno).

 

II. FORMA Y FUNCIÓN EN LAS TÉCNICAS DE KENPO KÁRATE

El Kenpo Kárate forma parte de aquellas artes en que estética y función quedan unidas, e incluso deviene una de la otra. Las artes marciales tienen su origen, como se ha mencionado, en la obligación de afrontar unas necesidades específicas. Por tanto, al igual que en la arquitectura constructivista, la función define la forma. El cumplimiento estricto de aquella hace útil la técnica creada; la consecución eficaz del objetivo se lleva a cabo mediante la ubicación en el espacio de una serie de movimientos y puntos de impacto. Ésto último indica que se trata de un arte en el que, al igual que en la arquitectura constructivista y el minimalismo plástico, el usuario/espectador tiene capacidad para conformar y aún definir la obra.
Las técnicas de Kenpo Kárate están constituidas por una secuencia de movimientos que responden al planteamiento de otros tantos por parte de un atacante. El número y ubicación de unos y otros no tiene por qué ser correlativo. Tal y como se ha dicho anteriormente, al igual que en la arquitectura y en el arte minimalista las artes marciales plantean la interacción entre artista y usuario/observador. Es más: sin sujeto receptor no hay manifestación artística. El destinatario de la técnica, pues, es parte integrante de su estructura. Si el arte debe hacer referencia de forma estructural y material a la presencia del espectador en el espacio que acoge la obra, en las artes marciales se cumple esta premisa, ya que no hay frontera estética entre emisor y receptor. La frontera estética coincide con la presencia física de la obra, que en este caso es la técnica de defensa. Dicha técnica y su estructura interna vendrá determinada por el planteamiento de una serie de ataques (lo que en arquitectura equivaldría a los requisitos constructivos mencionados al principio de este análisis) y aquello necesario para interceptarlos. El modo de hacerlo suele basarse en la trayectoria del ataque y en el desplazamiento consecuente del receptor. A partir de ahí se decidirán los bloqueos y puntos de impacto. Como se ve, es similar a la estructura de un edificio, en la que se ubica en primer lugar el armazón y posteriormente el recubrimiento. Simplificando ésto último, reduciéndolo a lo esencial, el artista puede subrayar la subordinación de los detalles a su significado de conjunto. Precisamente por esto, el espectador percibe la técnica como un todo, pero durante su desarrollo puede moverse alrededor de ella para observar cómo varían los modos en que se presenta.

Una de las características más definitivas del Kenpo Kárate es su multifuncionalidad, que viene dada por la proyección del movimiento más allá del objetivo principal: es decir, que puede realizar una defensa sobre objetivos diferentes al que inicia el ataque con bastante simultaneidad).  Se trata de un estilo de gran versatilidad, lo que favorece a la función y a la forma: a la función, porque optimiza la defensa y a la forma porque permite crear en distintos momentos espacio-temporales. La función vuelve así a definir la forma. La geometría artística -en este caso, fundamentada en una estructura creada a base de bloqueos, golpes y desplazamientos- puede apoyarse tanto en el color -bloqueos y golpes- como en la línea -desplazamientos. Esto da como consecuencia una organización reforzada del espacio, lo que se traduce en una ampliación del radio de defensa/ataque. Se trata de un dinamismo centrífugo que recurre a las diagonales para que, a partir de un centro móvil -el ejecutante; y es centro móvil sólo en función del objetivo- transforme su sistema de referencias según sus desplazamientos.

Es pues muy difícil definir los límites de una técnica. Al igual que en la arquitectura, en la que en los conjuntos unificados la casa forma parte de la plaza, el entorno puede formar parte de la técnica -a través de la utilización de objetos y elementos arquitectónicos. En el constructivismo, Le Corbusier introdujo esquemas en los que los forjados se sostenían por sí mismos más allá del borde del edificio, dejando en el interior las verticales que tenían una misión estructural. La pluriespacialidad en kenpo es muy amplia, y actúa fuera tanto como dentro: al ser un arte cuyas obras pueden ser independientes de las limitaciones estructurales, la técnica puede organizarse para adaptarse a los requerimientos defensivos sea cual sea su posición espacio-temporal. Se puede decir incluso que el dominio del espacio es el valor máximo del Kenpo Kárate.

De igual forma, el arte minimal puso en relación el objeto artístico con su marco arquitectónico, confiriéndole la cualidad de una forma que inmediatamente podía ser aprehendida como un todo: cualidad que comparte con una técnica de Kenpo Kárate. La técnica posee una estructura formal y elemental y está compuesta por nodos dinámicos (bloqueos y golpes) que no sólo hacen referencia a sí mismos: así, el marco arquitectónico queda integrado en la trayectoria. Lo destacable es que lo importante no es ni el número de elementos ni el hecho de intentar hacer encajar la técnica en un entorno dado, sino la disposición estructural del todo, que ya está concluida en cada uno de sus elementos. Es por ello que una técnica está compuesta por varios golpes principales: sin embargo, la técnica no sólo tiene sentido como totalidad, sino que las partes en que puede ser dividida tienen significado dentro de su autonomía y son autoconcluyentes.

La clave del arte en el Kenpo Kárate radica en la creación de la forma a través de la función. De ello derivará el hecho artístico, así como la calidad del mismo: si se añaden más movimientos y puntos de impacto de los necesarios, la técnica se puede ver bloqueada (y por tanto, queda invalidada) o da lugar a una composición estética pero vacía de significado (carga semántica nula). La distribución de bloqueos y golpes a lo largo de una trayectoria da lugar a una composición armónica en la medida en que se cumple la función estrictamente. Hay que apuntar aquí que todo lo coherentemente funcional es armonioso porque evidencia lo esencial de la materia, del usuario y de su interacción: el uso y relación de este con aquella pone de relevancia la idiosincrasia de ambos). Cabe mencionar la investigación que a este respecto llevó a cabo M. Duchamp a principios de siglo a través del ready made. Dicho estudio evidenció que el concepto de arte y belleza es meramente cultural: una escultura clásica parece más artística que una mesa, por ejemplo, porque se nos ha enseñado a verlo así. La descontextualización de la mesa y la desactivación de toda carga literaria en la escultura permite objetivizar la obra y sugiere la posibilidad de elevar los objetos a la categoría de obras de arte. La experiencia de Duchamp consistió en seleccionar previamente un artículo convencional fabricado en serie, lo firmó y lo expuso como obra de arte en una galería. El excepcional contexto y la forma de presentación modificaron paradójicamente la percepción del objeto. Ya no se le declaró ni definió como objeto útil, sino como objeto estético. Por tanto, una técnica de artes marciales es armoniosa -si es funcional- independientemente de las connotaciones de utilidad que se le puedan atribuir. Al mismo tiempo, sirve para unir diversas nociones en una misma obra: espacio, tiempo, forma, función. Pocas formas artísticas consiguen materializar tantos conceptos a la vez: la arquitectura y el arte conceptual sí se han ocupado -por necesidad evidente en el primer caso y por elección en el segundo- de incluir con éxito estas cuestiones en sus manifestaciones. Aunque por otra parte, toda obra artística puede considerarse espacio-temporal: aún independientemente de su volumen sonoro, la música engendra un espacio, visto que despliega una estructura; y hay un tiempo en el cuadro, puesto que está recorrido por ritmos y mantiene un movimiento interno por el cual reúne su diversidad en la unidad de un sentido. Lo cual no impide que cuadro, estatua, edificio sean ante todo objetos en el espacio, así como una sinfonía, un poema, son ante todo objetos en el tiempo.

Ahora bien: ¿lo que confiere categoría de obra de arte a una mesa o a una escultura es la voluntad del creador (toda vez que se ha visto que cualquier realidad material puede serlo)? El arte surge cuando se responde a una necesidad -o se plantea una cuestión- de manera funcional, económicamente expresiva y estética y conceptualmente innovadora. Cuando no se cumplen estos cuatro supuestos se entra en el terreno de la artesanía y de ciertas manifestaciones para-artísticas, como el kitsch. La tarea creativa surge cuando se diversifican las opciones de respuesta sin merma de la eficacia. Por tanto, en Kenpo Kárate hay arte no sólo porque haya una armonía de formas (si esto fuera así se trataría de otro tipo de arte, como el ballet) sino porque se pretende dar respuesta a un problema de maneras diferentes, lo que da lugar a una constante innovación estética.

Una cuestión que puede plantearse es la siguiente: el carácter altamente mecánico de una técnica ¿no eliminará al artista en beneficio del artesano? Tal y como se viene exponiendo, no basta que una forma sea económica para ser perfecta: procedimientos semejantes dan una técnica comprimida o extensa según la intervención del sentido plástico o del tipo de objetivo. Una composición que puede sufrir modificaciones debido a la acción del creador (o, en un edificio, las deformaciones y accidentes debidos a la acción de los elementos) siempre seguirá siendo objeto de una estimación empírica a través de la cuál penetre la imaginación y la sensibilidad de diseño.

En la concepción de una técnica, por tanto, hay que tener en cuenta:


La reiteración de las constantes no puede suplir la creación de unas variaciones o trayectorias de función, forma y concepto propias por parte del artista marcial, fundiéndolas en un todo con significado (si lo tiene o no se percibirá a través de la eficacia de la técnica). Dichas variaciones/trayectorias se recogen en un compendio que trata de preveer la respuesta a todas las preguntas y al modo en que pueden ser realizadas. La manera más común de manifestar y de concentrar el movimiento es la de inscribir no ya la línea continua de su trayectoria, lo que daría una representación muerta, sino una sucesión de trazos (es decir, de bloqueos y golpes) dispuestos a lo largo de esa trayectoria, y hacer sensible por sus direcciones el dinamismo del móvil (el ejecutante) en los diferentes instantes de su desplazamiento. El grado de verticalidad y de horizontalidad, que en pintura o en escultura traducían el impulso o el reposo, provocarán aquí un verdero reposo, un verdadero movimiento.
 

III. SENCILLEZ Y COMPLEJIDAD DEL KENPO KÁRATE

Si la obligación de unidad estética y funcional es lo que define a las artes marciales, lo que caracteriza al Kenpo Kárate es su combinación única de sencillez funcional y complejidad estética. Esta complejidad tiene su origen en:


Como conclusión, podría decirse que no toda actividad en la que se responde a un ataque es artística -boxeo, lucha, etc.-, porque no todas pretenden crear un sumario expositivo que posibilite el surgimiento de nuevos creadores.
 
 

Arte es una respuesta en la que va implícita la pregunta.
 

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